Aparición a María Magdalena
Juan 20, 1-18

Comentario

Evangelio en griego quiere decir buena noticia. Siempre había pensado que esta buena noticia se refería a toda la vida de Jesús contada en los evangelios, pero en realidad la buena noticia que anunciaron los primeros discípulos fue la resurrección de Jesús y sus consecuencias para todos los hombres. Esto era lo más importante para los primeros cristianos. El redactado de los evangelios vino más tarde, para beneficio de aquellos que ya creían en la resurrección de Jesús.

La resurrección es el único milagro que nadie presenció. Los testigos de la resurrección no vieron resucitar a Jesús, lo vieron resucitado; lo tocaron y comieron con él. Durante cincuenta días Jesús se apareció a sus discípulos. María Magdalena fue la primera en verle, pero no la única. También le vieron las otras mujeres, los discípulos de Emaús, los diez discípulos y Tomás, Pablo y, en una ocasión especial, quinientos discípulos lo vieron a la vez.

María Magdalena con los ojos y los recuerdos turbados por las lágrimas y el dolor, no reconoció a Jesús y lo tomó por el hortelano. Pero cuando oyó que Jesús la llamaba por su nombre, le reconoció al instante. Era Jesús, el mismo cuerpo que ella había conocido, el mismo cuerpo que ella había visto morir en la cruz, el mismo cuerpo que había visto en la tumba. Un cuerpo que María Magdalena quiso abrazar incluso antes que el Hijo recibiera el primer abrazo del Padre después de tanto sufrimiento.

Pero Jesús tenía primero que subir con su Padre, que es nuestro Padre, a su Dios, que es nuestro Dios, antes de dejarse tocar por sus discípulos. Me atrevería a decir que María Magdalena no fue la única que quiso tocar a Jesús resucitado. Era necesario que ella y los otros discípulos se consolaran con la presencia física de su cuerpo resucitado antes que él les mandase a su Espíritu Santo. Serían ellos quienes proclamarían la buena nueva, la buena noticia de la resurrección de Jesús.

¿Por qué era necesario aquel último milagro, la resurrección? Era necesario, para los discípulos y también para nosotros, ver como Jesús, nuestro hermano mayor, nos mostraba que hay esperanza más allá de la tumba: una vida de plenitud donde el sufrimiento y la muerte ya no tienen ningún poder sobre nosotros. Jesús, que con la vuelta a la vida de la hija de Jairo, del hijo de la viuda o de su amigo Lázaro nos había mostrado que morir era como dormir, nos mostró en él mismo lo que significaba despertar. Por eso sabemos que cuando muramos Jesús nos llamará por nuestro nombre y nos despertará y se repetirá el mensaje del ángel: “Ha resucitado y va a ir a Galilea antes que vosotros” ¡Nos reencontraremos en el cielo!