Escuchemos su voz

Esta es la segunda serie dedicada a la oración; ¡todavía nos quedan muchas más por hacer! En la primera serie, “El Señor nos escucha”, hablamos de cómo Dios nos escucha siempre y permanece al lado de aquellos que lo invocan con sinceridad.

En esta segunda serie hablaremos de escuchar al Señor, de escuchar su voz. Cuando rezamos, el Señor nos habla y desea que le escuchemos. Llama pacientemente a la puerta de nuestro corazón y nos llama por nuestro nombre como hizo con el apóstol Pablo cuando cayó del caballo.

Descubriremos en estas series que la recompensa de reconocer la voz del Señor, y de seguirle como al Buen Pastor, es el camino hacia nuestra felicidad y plenitud. ¡Ojalá hoy escucháramos su voz!

  1. Oyó Abraham mi voz y guardó mi precepto, mis mandamientos, mis estatutos y mis leyes.
    Génesis 26,5
    ¿Hubiera podido Abraham obedecer al Señor si no hubiera escuchado su voz?
  2. “Lo que sí les ordené fue que me obedecieran; pues así yo sería su Dios y ellos serían mi pueblo. Y les dije que se portaran como yo les había ordenado, para que les fuera bien.”
    Jeremías 7,23
    ¿Qué debemos hacer nosotros para que todo nos vaya bien?
  3. Escuchad hoy lo que él os dice:
    - No endurezcáis vuestro corazón.
    Salmos 95,7-8
    ¿Qué puede endurecerte el corazón y apartarte de Dios?
  4. El corazón me dice:
    “Busca la presencia del Señor.”
    Y yo, Señor, busco tu presencia.
    Salmos 27,8
    ¿Cómo buscas tú la presencia del Señor?
  5. El pastor llama a cada oveja por su nombre y las ovejas reconocen su voz.
    Juan 10,3
    El Buen Pastor, ¿te llama también por tu nombre?
  6. El pastor va delante de ellas, y las ovejas le siguen porque reconocen su voz.
    Juan 10,4
    ¿En qué distingues tú la voz del Buen Pastor de todas las demás voces?
  7. Mis ovejas reconocen mi voz, y yo las conozco y ellas me siguen.
    Juan 10,27
    ¿Es posible seguir al Buen Pastor sin reconocer su voz?
  8. Cuando ya se encontraba cerca de la ciudad de Damasco le envolvió de repente una luz que venía del cielo. Saulo cayó al suelo y oyó una voz que le decía:
    –Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?
    Hechos 9,3-4
    ¿Necesitas tú que te hagan caer al suelo para escuchar su voz?
  9. Mira, yo estoy llamando a la puerta: si alguien oye mi voz y abre la puerta, entraré en su casa y cenaremos juntos.
    Apocalipsis 3,20
    ¿Qué esperas para abrirle la puerta de tu corazón?