Felices los pobres en el espíritu

Las Bienaventuranzas ponen patas arriba todos los valores de nuestro mundo, nos hacen cambiar la mirada sobre las cosas y allí donde sólo había tribulación y desánimo, Jesús hace nacer alegría y esperanza.

Podríamos decir que las Bienaventuranzas son las leyes del Reino del Cielo, las reglas que Jesús nos da para que podamos llegar a la felicidad en el Señor como ciudadanos del Reino del cielo. Un reino que Jesús inauguró aquí en la tierra, pero que llega a la plenitud en el cielo.

En esta primera bienaventuranza, Jesús nos hace ver que cuando nos sentimos pobres, en todo dependientes de Dios, en nuestra humilidad nos encontramos más cerca de él, mientras que cuando nos sentimos ricos de las cosas del mundo y orgullosos de nosotros mismos, nos alejamos más y más de su Reino.

Jesús nos invita a buscar el amor de Dios por encima de todo y a poner en él toda nuestra confianza. Para encontrar su amor tenemos que liberarnos de toda arrogancia y de todo nuestro orgullo, tenemos que hacernos pobres para poder acoger la riqueza de su amor.

Seamos pobres en el espíritu, reconozcamos que en todo necesitamos a Dios, y así el Rey de reyes nos dará la mano y nos hará entrar en su Reino.

  1. Cuando Jesús vio todo aquel gentío, subió al monte y se sentó. Se le acercaron sus discípulos, y él se puso a enseñarles.
    Mateo 5,1-2
    ¿A quién dirigió Jesús las Bienaventuranzas?
    - ¿A los discípulos?
    - ¿A las multitudes?
    - ¿A ti?
  2. Felices los de espíritu sencillo, porque suyo es el reino de los cielos.
    Mateo 5,3
    ¿Reconoces tú que necesitas la ayuda de Dios para poder entrar en su Reino?
  3. Luego el rey dirá a los unos: “Venid, benditos de mi Padre; recibid en propiedad el reino que se os ha preparado desde el principio del mundo”.
    Mateo 25,34
    ¿Cuáles son los sentimientos y las emociones de los benditos de Dios Padre?
    ¿Y cuáles son los tuyos?
  4. Soy pobre y necesitado, pero mi Dios cuidará de mí.
    Tú eres mi ayuda y mi salvación,
    ¡no tardes, Dios mío!
    Salmo 40,18
    ¿Quién es el único que puede ayudar al pobre del salmo?
    ¿Qué hace el pobre para que el Señor le ayude?
  5. Pero a mí, humilde y sufriente,
    que tu poder salvador, oh Dios, me proteja.
    Porque el Señor escucha a los oprimidos,
    no desprecia a los cautivos.
    Salmo 69,30.34
    ¿Cuál es la pobreza que el Señor te pide para poder escucharte?
  6. Yo habito en las alturas sagradas,
    pero miro por humildes y abatidos,
    para reanimar el espíritu abatido,
    para reanimar el corazón humillado.
    Isaías 57,15
    ¿A quién recorrerás tú cuando te sientas abatido y humillado?
    ¿Cómo?
  7. Todo eso lo ha hecho mi mano,
    y así es como todo existió
    -oráculo del Señor-.
    En el pobre pongo mis ojos,
    en el abatido que respeta mis palabras.
    Isaías 66,2
    ¿Qué te pide el Señor que hagas para que ponga sus ojos en ti?
  8. Le dieron a Jesús el libro del profeta Isaías y, al abrirlo, encontró el pasaje que dice: El Espíritu del Señor está sobre mí,
    porque me ha consagrado para llevar a los pobres la buena noticia de la salvación.
    Lucas 4,17-18
    ¿Quién llevó la buena noticia del Reino del cielo a los pobres?
  9. Se le acercó un maestro de la ley, que le dijo: “Maestro, estoy dispuesto a seguirte adondequiera que vayas.“
    Jesús le contestó: “Las zorras tienen guaridas y los pájaros nidos, pero el Hijo del hombre ni siquiera tiene dónde recostar la cabeza.“
    Mateo 8,19-20
    ¿Cómo fue la pobreza de Jesús?
  10. Jesús comenzó a predicar diciendo:
    – Convertíos, porque ya está cerca el reino de los cielos.
    Mateo 4,17
    ¿Cómo nos dijo Jesús que teníamos que ser para entrar en el reino de los cielos?
  11. Nos imaginan tristes, y estamos siempre alegres; parecemos pobres, y enriquecemos a muchos; damos la impresión de no tener nada, y lo tenemos todo.
    2 Corintios 6,10
    ¿Cómo describió Pablo la pobreza de los ciudadanos del reino de los cielos?