Felices los que lloran

A menudo los placeres de este mundo, los que nos hacen reir, terminan haciéndonos llorar. Cuando nos alejamos de la ley de Dios, la ley del amor, lo que nos parecía alegría, termina convirtiéndose en llanto. Esta bienaventuranza nos enseña que el placer del mundo provoca dolor, mientras que el dolor de Cristo provoca una alegría que dura para siempre.

Son muchos los llantos de los que necesitamos ser consolados. Lloramos de arrepentimiento por nuestros pecados, como Pedro cuando oyó cantar al gallo. Lloramos por el terrible sufrimiento de este mundo, sometido al poder del mal.

También lloramos con los que lloran, como hizo Jesús con Marta y María. Y tendríamos que llorar por los que no creen, aunque se rían de nosotros. Hay también un llanto por nosotros mismos, exiliados del paraíso en un mundo de sufrimiento.

Pero no todas las lágrimas son de pena, también vertimos lágrimas de alegría por sabernos salvados, como las de la mujer que limpió los pies de Jesús. Dios nos seque las lágrimas de tristeza y nos llene los ojos de lágrimas de alegría cuando el Espíritu Santo nos haga comprender la bondad y el amor del Señor.

  1. Felices los que están tristes, porque Dios mismo los consolará.
    Mateo 5,4
    ¿Quién consuela a los que lloran?
  2. ¡Ay de vosotros los que ahora reís, porque vais a tener dolor y llanto!
    Lucas 6,25b
    ¿Cómo terminan las alegrías de este mundo cuando son contrarias a la ley de Dios?
  3. Felices vosotros los que ahora lloráis, porque después reiréis.
    Lucas 6,21b
    ¿Quién nos dice Jesús que tiene la última palabra: el llanto o la alegría?
  4. Junto a los ríos de Babilonia
    nos sentábamos entre lágrimas
    al recordar a Sión.
    En los álamos que allí había
    colgábamos nuestras cítaras.
    Salmo 137,1-2
    ¿Quién es el consuelo de los exiliados?
  5. Mi llanto es mi alimento día y noche
    mientras no dejan de preguntarme:
    “¿Dónde está tu Dios?”.
    ¿Por qué estoy abatido?
    ¿Por qué estoy tan turbado?
    En Dios pondré mi esperanza.
    Salmo 42,4.6a
    ¿Debemos llorar nosotros por los que no creen en Dios? ¿Por los que se burlan de los que creemos?
  6. El espíritu del Señor Dios me acompaña, pues el propio Señor me ha ungido.
    Me ha enviado a dar consuelo a los que están de luto.
    Isaías 61,1a.2b
    ¿Quién, anunció el profeta Isaías, consolaría a todos los que están de luto?
  7. El Señor llamó entonces al hombre con ropa de lino, el que llevaba a la cintura una cartera de escribano. Le dijo:
    - Recorre la ciudad de Jerusalén y pon una señal en la frente de todos los que gimen y sollozan por las abominaciones que se cometen en ella.
    Ezequiel 3b,4
    Cuando el dominio del mal en el mundo nos sobrepasa, ¿debemos seguir combatiéndolo con nuestras lágrimas?
  8. Jesús, al ver llorar a María y a los judíos que la acompañaban, lanzó un suspiro y, profundamente emocionado, preguntó; “¿dónde habéis sepultado a Lázaro?” Ellos contestaron: “Ven a verlo, Señor”. Jesús se echó a llorar, y los judíos allí presentes comentaban: “Bien se ve que lo quería de verdad”.
    Juan 11,33-36
    ¿Lloramos nosotros con los que lloran, como lloró Jesús con las hermanas de Lázaro?
  9. Volviéndose a la mujer, Jesús dijo a Simón: “mira esta mujer. Cuando llegué a tu casa, no me ofreciste agua para los pies; en cambio, ella me los ha bañado con sus lágrimas y me los ha secado con sus cabellos.”
    Lucas 7,44
    Las lágrimas de aquella mujer…
    ¿Eran lágrimas de pena por los pecados que había cometido?
    O ¿eran lágrimas de alegría por sentirse perdonada?
  10. Pedro se acordó de que Jesús le había dicho: “Antes que cante el gallo dos veces, me habrás negado tres veces”. Y se echó a llorar.
    Marcos 14,72
    ¿Lloramos nosotros de arrepentimiento cuando traicionamos al Señor?
  11. Lo acompañaba mucha gente del pueblo junto con numerosas mujeres que lloraban y se lamentaban por él.
    Lucas 23,27
    ¿Qué consuelo reservaba el Señor para las mujeres que se lamentaban por él en el camino de la cruz?
  12. Jesús le preguntó: “Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién estás buscando?” Ella, creyendo que era el jardinero, le contestó: “Señor, si te lo has llevado tú, dime dónde lo has puesto y yo misma iré a recogerlo”. Entonces Jesús la llamó por su nombre: “¡María!”
    Juan 20,15-16
    ¿Podía haber una felicidad mayor que la que sintió María Magdalena cuando Jesús la consoló de su llanto?
  13. Considero, por lo demás, que los sufrimientos presentes no tienen comparación con la gloria que un día se nos descubrirá.
    Romanos 8,18
    ¿Cómo nos dice Pablo que será el consuelo que tendrán todos los que lloran y sufren en este mundo?
  14. El Cordero que está en medio del trono será su pastor, los conducirá a manantiales de aguas vivas, y Dios mismo enjugará toda lágrima de sus ojos.
    Apocalipsis, 7-17
    En la felicidad que encontraremos en el reino de Dios…
    ¿Quién te enjugará todas las lágrimas de los ojos?
    ¿Quién será tu pastor?