Felices los que tienen hambre de ser justos

Tanto el evangelista Mateo como el evangelista Lucas han recogido en sus evangelios las bienaventuranzas de Jesús. Mateo sitúa el sermón de Jesús en la montaña y su redactado es más espiritual: “Felices los que tienen hambre y sed de ser justos”. Lucas, en cambio, sitúa el sermón de Jesús en la llanura y su texto es más terrenal: “Felices los que ara pasais hambre”.

Lucas añade también el advertimiento que el Señor hace a los ricos: “Ai de vosotros, los que ahora estáis saciados…”. Es un advertimiento amoroso, porque Jesús nos advierte que las riquezas nos apartan del Reinos y terminan entristeciéndonos. Es cuando nos deshacemos de todos esos tesoros que nos roban el corazón, cuando nos hacemos pobres y hambrientos de Dios, que él puede saciarnos de los mejores bienes, como decía María en el Magníficat.

Dios escoge los pobres de este mundo para hacerlos ricos en la fe y herederos del Reino.

Tener hambre y sed de la justicia de Dios es vivir ansiosos de amar a Dios y de amar a los otros. Eso marca el destino de las cosas que poseemos: tenemos que usarlas no para nosotros mismos sino para los otros. Sin esperar nada a cambio, porque el Señor esperamos una mayor recompensa.

Por eso, el hambre y la sed de la justicia de Dios pasan también por saciar a los que pasan hambre en el mundo: hambre de alimentos, hambre de las cosas materiales y también hambre de Dios.

Que el Señor nos haga hambrientos de su justicia y nos dé la fuerza para llevarla a cabo en nuestras vidas.

  1. Felices vosotros los que ahora tenéis hambre, porque Dios os saciará.
    Lucas 6,21a
    ¿Qué haces tú ahora para que esta bienaventuranza de Jesús se cumpla?
  2. Llenó de bienes a los hambrientos y despidió a los ricos con las manos vacías.
    Lucas 1,53
    ¿Cómo debes estar tú para que Dios pueda saciarte de cosas buenas?
  3. Escuchad, hermanos míos queridos: Dios ha elegido a los pobres del mundo, para hacerlos ricos en la fe y herederos del reino que prometió a los que lo aman.
    Santiago 2,5
    ¿Qué riqueza escoges tú: la del mundo o la del Reino?
  4. ¡Ay de vosotros los que ahora estáis saciados, porque vais a pasar hambre!
    Lucas 6,25a
    ¿De qué vas tú saciado?
  5. Había una vez un hombre rico que vestía de púrpura y finísimo lino, y que todos los días celebraba grandes fiestas. Y había también un pobre, llamado Lázaro que, cubierto de llagas, estaba tendido a la puerta del rico.
    Lucas 16,19-20
    ¿Qué piensas del uso que hacía este hombre de sus riquezas?
  6. Abrahán le contestó al hombre rico: “Amigo, recuerda que durante tu vida terrena recibiste muchos bienes, y que Lázaro, en cambio, solamente recibió males. Pues bien, ahora él goza aquí de consuelo y a ti te toca sufrir.”
    Lucas 16,25
    ¿Qué podemos esperar del hacer un uso egoísta de las cosas que tenemos?
  7. Jesús, viendo al hombre rico tan triste, dijo:
    -¡Qué difícil les va a ser a los ricos entrar en el reino de Dios!
    Lucas 18,24
    ¿Cómo habría convertido el joven rico la tristeza en alegría?
  8. Cuando des un banquete, invita a los pobres, a los inválidos, a los cojos y a los ciegos. Ellos no pueden corresponderte; y precisamente por eso serás feliz, porque tendrás tu recompensa cuando los justos resuciten.
    Lucas 14,13-14
    ¿Cuál es el remedio que el Señor nos ofrece a los que somos ricos?
  9. Vended vuestros bienes y repartid el producto entre los necesitados. Pues donde tengáis vuestra riqueza, allí tendréis también el corazón.
    Lucas 12,33-34
    ¿Cómo afectan a nuestro corazón y a nuestros pensamientos las cosas que acumulamos?
  10. Zaqueo se puso en pie y, dirigiéndose al Señor, dijo:
    – Señor, estoy decidido a dar a los pobres la mitad de mis bienes y a devolver cuatro veces más a los que haya defraudado en algo.
    Lucas 19,8
    ¿Cómo cambió la amorosa advertencia de Jesús la vida del rico Zaqueo?
  11. Felices los que desean de todo corazón que se cumpla la voluntad de Dios, porque Dios atenderá su deseo.
    Mateo 5,6
    ¿Qué diferencia existe entre “tener hambre” y “tener hambre y sed de ser justos”?
  12. Oh Dios, tú eres mi Dios y al alba te busco; de ti tengo sed y por ti desfallezco en una tierra árida, seca y sin agua.
    Salmo 63,2
    ¿De qué sed nos hablaba el rey David en este salmo?
  13. Jesús contestó: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu inteligencia. Este es el primer mandamiento y el más importante. Pero hay un segundo mandamiento que es parecido a este: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.”
    Mateo 22,37-39
    ¿Cuáles son las leyes de la justicia de Jesús?
  14. Luego el rey dirá a los unos: “Venid, benditos de mi Padre; recibid en propiedad el reino que se os ha preparado desde el principio del mundo. Porque estuve hambriento, y vosotros me disteis de comer; estuve sediento, y me disteis de beber.”
    Mateo 25,34-35
    ¿Tenemos realmente hambre y sed de justicia, si olvidamos a aquellos que ahora pasan hambre?