Felices los misericordiosos

En esta serie de las bienaventuranzas meditaremos sobre la compasión y eso nos conducirá a la oración y a la acción de gracias.

La primera compasión nos viene de Dios, ¡él tiene la iniciativa! Dios se compadece de nuestros pecados y también de nuestros sufrimientos y necesidades. Dios experimenta alegría mostrándose misericordioso con nosotros y todo el cielo se alegra por ello.

Nosotros hemos recibido la misericordia de Dios, su compasión, y por eso tenemos que mostrarnos compasivos con los otros. Jesús es nuestro modelo de compasión: él se compadece de los pecados de los hombres, de nuestras enfermedades, de la muerte y de todas nuestras necesidades y sufrimientos. Él nos enseña que compadecernos de los otros quiere decir perdonarlos siempre y acompañarlos y ayudarlos en lo que necesiten.

Y todo esto, como añadió Pablo, ¡tenemos que hacerlo con alegría!

Compadeciendo a los otros, recibimos la compasión del Señor y cerramos el cicle que Él mismo empezó tomando la iniciativa gratuita de compadecerse de nosotros. La última compasión del Señor la esperamos en el juicio. El apóstol Santiago nos dice que el día del juicio, los que hayan sido compasivos, podrán reir, ¡porqué la compasión siempre triunfa!

Damos gracias a Dios por su compasión, porqué nos perdona y se compadece de nuestros sufrimientos, y le pedimos su gracia para que, imitando a Jesús, también nosotros podamos ser compasivos con los otros.

  1. Felices los misericordiosos, porque Dios tendrá misericordia de ellos.
    Mateo 5,7
    ¿Dios se compadece de nosotros porque nos compadecemos de los demás, o somos capaces de compadecernos porque Dios se ha compadecido de nosotros?
  2. Haré pasar delante de ti todo mi esplendor. Delante de ti proclamaré mi nombre: “El Señor”. Tendré misericordia de quien quiera y seré compasivo con quien me plazca.
    Éxode 33,19
    ¿Con quién quiere ser compasivo el Señor?
  3. No necesitan médico los que están sanos, sino los que están enfermos. Yo no he venido a llamar a los buenos, sino a los pecadores.
    Marcos 2,17
    ¿Merecen los pecadores la compasión de Jesús?
    Y tú, ¿la mereces o la recibes de su gracia?
  4. La piedad de Dios es grande, e inmenso su amor hacia nosotros. Por eso, aunque estábamos muertos en razón de nuestras culpas, nos hizo revivir junto con Cristo. ¡La salvación es pura generosidad de Dios!
    Efesios 2,4-5
    ¿En qué consiste la generosidad de Dios?
  5. ¿Qué Dios perdona el pecado y pasa por alto, como haces tú, las culpas al resto de su heredad? No mantendrá por siempre su ira, pues se complace en el amor.
    Miqueas 7,18
    ¿Cómo se complace Dios en su relación con nosotros?
  6. Yo os digo que, igualmente, hay más alegría en el cielo por un pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no necesiten convertirse.
    Lucas 15,7
    ¿Cómo responde el cielo a la misericordia de Dios por un pecador?
  7. El Señor es clemente y compasivo, paciente y lleno de amor.
    Salmo 103,8
    ¿Cómo debemos responder nosotros a la compasión y al amor del Señor?
  8. Jesús, con solo una palabra, expulsó a los espíritus malignos y curó a todos los enfermos. De ese modo se cumplió lo dicho por medio del profeta Isaías: Tomó sobre sí nuestras debilidades y cargó con nuestras enfermedades.
    Mateo 8,16-17
    ¿Se compadece Jesús solo de nuestros pecados o también de nuestras enfermedades?
  9. Una nutrida comitiva fúnebre llevaba a enterrar al hijo único de una madre que era viuda. El Señor, al verla, se sintió profundamente conmovido y le dijo: No llores.
    Lucas 7,12-13
    ¿Se compadece Jesús solo de nuestros pecados y de nuestras enfermedades, o también de nuestra muerte?
  10. Y al ver a toda aquella gente, Jesús se sentía conmovido porque estaban maltrechos y desalentados, como ovejas sin pastor.
    Mateo 9,36
    Jesús no solo se compadece de nuestros pecados, de nuestras enfermedades y de la muerte; ¿de qué otros sufrimientos se compadece?
  11. Si vosotros perdonáis a los demás el mal que os hayan hecho, también os perdonará a vosotros vuestro Padre celestial.
    Mateo 6,12.14
    Nos bastan nuestras fuerzas para poder perdonar a los demás y recibir el perdón de Dios?
  12. El amo tuvo compasión de su siervo; le perdonó la deuda y lo dejó ir libremente. Pero, al salir, aquel siervo se encontró con uno de sus compañeros, que le debía cien denarios. Lo sujetó violentamente por el cuello y le dijo: “¡Págame lo que me debes!”.
    Mateo 18,27-28
    ¿Cómo correspondes tú en los demás la compasión que recibes de Dios?
  13. Sed compasivos, como también vuestro Padre es compasivo. No juzguéis a nadie, y tampoco Dios os juzgará. No condenéis a nadie, y tampoco Dios os condenará.
    Lucas 6,36-37
    ¿Cómo nos dice Jesús que debemos ser compasivos con los demás?
  14. Dios os ha consagrado y os ha otorgado su amor. Sed, pues, profundamente compasivos, benignos, humildes, pacientes y comprensivos. Soportaos mutuamente y, así como el Señor os perdonó, perdonaos también vosotros, cuando alguno tenga quejas contra otro.
    Colosenses 3,12-13
    ¿Cuáles son los sentimientos y las acciones que Pablo asocia a nuestra compasión por los demás?
  15. A ver si aprendéis lo que significa aquello de: Yo no quiero que me ofrezcáis sacrificios, sino que seáis compasivos.
    Mateo 9,13
    ¿Qué has aprendido tú en esta serie sobre la compasión que quiere el Señor?
  16. Tened en cuenta que será juzgado sin compasión quien no practicó la compasión. La compasión, en cambio, saldrá triunfante del juicio.
    Santiago 2,13
    ¿Qué debes hacer tú para poder salir triunfante del juicio?